viernes, 28 de septiembre de 2012

Mi querida señorita (Jaime de Armiñán, 1971)

Me ha costado mucho convencerme de que Jaime de Armiñán no es un director abiertamente gay. Su filmografía, llena de dramas, digamos, tranquilos, está poblada por personajes homosexuales, transexuales o directamente outsiders, y cuando son personajes digamos normales, hay algo inquietante en su relación. Pero es que además es uno de los directores cuyas imágenes me han marcado más de pequeño, cuando pude ver las películas por despiste de mis padres, sin entender del todo lo que contaban. Lo que, sin duda alguna, ha acabado siendo, es el director más militante, el que más ha hecho por la normalización de la sexualidad de todo el cine español. Sí, tal cual lo digo. Y para muestra, esta película.
 
"Mi querida señorita" se enfrentaba con los prejuicios de todos: una película donde José Luis López Vázquez hiciera de travesti tenía todo el aspecto de ser una españolada frívola con todas las de la ley... cosa de la que tiene gran culpa el propio López Vázquez, que en el mismo año te hacía una con Armiñán, otra con Regueiro, otra con Olea y luego "A mí las mujeres ni fu ni fa". Y obviamente no eran las de Olea y Regueiro las más taquilleras o conocidas, ni las que mejor han sobrevivido al paso de los años. Y he aquí la pregunta ¿por qué "Lo verde empieza en los Pirineos" está mucho más reivindicada que todas estas películas de las que va a constar el cine progre? ¿Qué ha hecho que reivindiquemos unicamente desarrollista del cine español y que olvidemos la del cine más experimental y atrevido? ¿Por qué no había visto "Mi querida señorita" hasta hace unos días?



Yo no la había visto por prejuicios. Primero por el prejuicio de la españolada - uno se esperaba algo así como "Atraco a las tres" pero con travestis, una visión muy machista, divertida pero homófoba, de la comedia de enredo -, luego por el prejuicio del mismo cine gay, que siempre da un castigo ejemplar al protagonista para que nos apiademos de él (ejemplo más reciente: Brokeback Mountain). Pero no, leñe, no, maravillosamente no. Armiñán cuenta una historia de amor retorcidísima, algo así como el estribillo de "Girls & Boys" de Blur pero en castizo, en provincias españolas, con un hombre que se cree una mujer (Adela) que está enamorado de una mujer que es su sirvienta (Isabelita) y que tiene a un hombre enamorado de el/ella (Santiago) mientras es mujer, pero se cambia de sexo (Juan) para que la otra mujer se enamore de él. Todo contado con absoluta naturalidad, ligereza, como si fuera un drama cualquiera de una persona de provincias intentando adaptarse a la capital.

Esto es lo sorprendente de la película, y lo que la convierte, a mis ojos, en una cosa muchísimo más punk y reivindicativa que la gran mayoría del cine Queer. Drama normalizado, absolutamente normalizado. Adela se convierte en Juan, y Juan sólo sabe comportarse como una mujer, con lo que sufre el rechazo de casi todos... ¡pero no de todos!. De nuevo se retrata la mezquindad de los españoles, esa mezquindad gratuita que hace que dos cretinos en la casa de campo acosen a Juan e Isabelita simplemente porque están tomando magdalenas y empezando una relación romántica. El español que impide la felicidad de cualquier español, porque el español feliz es más que el resto de los españoles y eso no puede ser.

El reparto es magnífico, y todos realizan el trabajo con contención: Julieta Serrano (acabar liada en la ficción con un travesti/transexual supongo que es el camino de rosas para hacer cine con Almodóvar), Antonio Ferrandis, Mónica Randall guapísima, y bueno, con algo más de cachondeo, Lola Gaos y Chus Lampreave como las dueñas cotillas de una pensión infecta. Ya he nombrado a Almodóvar, y es que sí, es todo una predecesora de los dramas almodovarianos desde "Tacones Lejanos": personajes extremos, sufrimiento, provincianismo, pero en este caso, un trato muy ligero de todo. Nada se exagera. A Juan no le queda más remedio que coser vestidos, pero la cámara le trata con dignidad, con ilusión. Tiene momentos chungos, pero lo supera. Es infeliz, pero le quieren. Está a punto de hundirse, pero no le dejan. Es feo, pero hay dos personajes maravillosos enamorados de él.

 

¿Cómo pudo escapar esto a la censura franquista? Porque con tanta contención, con tanta naturalidad, con tal falta de estridencia, y con situaciones tan cotidianas - ir a una pensión, buscar trabajo, ir a la capital en busca de fortuna, sacar el dinero de un banco - no sospechaban la carga de profundidad de esta película. Obviamente fue todo un bombazo, lanzó la carrera independiente pero imprescindible de Jaime de Armiñán, dio a cada uno de sus actores uno de sus papeles más recordados, fue candidata a los Oscar, y dejó a medio mundo de Hollywood alucinado. Es lo mejor de una historia que es basicamente española, que critica lo español: un hombre que no se da cuenta de que es hombre por la educación castrante recibida, y la imposibilidad de hacer algo fuera de lo común sin ser atormentado, exiliado, amenazado (en una escena memorable Chus Lampreave grita "¡...y suerte ha tenido de que no llamásemos al 091!" simplemente porque cose vestidos); y que sin embargo, se siente universal. Esos amores que no se comprenden. Esas mujeres que son hombres a quienes les gustan los hombres que son mujeres. Que al final es simplemente alguien a quien realmente quieras. Chan chan. ¿Que "Girls and Boys" de Blur parecía aperturista para los 90? Pues imaginad lo que fue esto. Y vedla.

5 comentarios:

  1. yo la vi hace años, aunque nunca pensé que estaba en la astracanada de la españolada, supongo que por su prestigio en la propia carrera de Armiñán. Tienes mucha razón en el triunfo que supone su naturalidad, es una película que acepta una estética y una dramaturgia convencionales, que podrían ser.. no sé, las de La tía Tula o Calle Mayor diez o veinte años antes, con su realismo costumbrista. El caso es que es una película que pueden ver (y entender!!) gente de la generación de mis padres, porque la narra de un modo que no es rupturista ni en el vestuario ni en la decoración. Es una película, por usar el término, 'decente'. De hecho, yo recuerdo haberla visto con mi madre sin que a ella le causara los habituales 'por favor, por favor' que le genera todo Almodóvar, por ejemplo (bueno, exceptuando mujeres, que es lo más blanco que tiene). Igual el éxito es psicológico: Adela acepta lo que le sucede cuando empieza la peli, porque no cuestiona nada, y cuando descubre que es hombre tampoco lo hace rompedoramente, cambiando de vida a un molde que la vida bajo el régimen no aceptara. Es la pura resignación a que obligaban los tiempos lo que la hace accesible para ese público, que además la recuerda, y no sólo eso, sino que es capaz de traer a la memoria 'casos reales'. Y si ellos pueden, me imagino que el obispo o el numerario censor de la época también. Lo cual lo explicaría, pero aún así les colaron un golazo.

    Curiosamente, la entrada me ha hecho pensar en Fassbinder, por época y por tema. Habría que ver si más allá de su influencia en Almodóvar hubo algo hacia Alemania desde la sempiternamente deprimida España de nuestras entretelas (y fajas).

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  2. Creo que no es tanto la resignación como que la película es capaz de mitigar los temas problemáticos, de disfrazarlos. Que hay una escena donde Antonio Ferrandis está cogiendo la mano de José Luis López Vázquez y no pasa nada, y está la frase final que está. Parece que como compartimenta mucho eso de Adela-mujer y Juan-hombre, un espectador común lo ve como dos personajes, dos películas distintas. Y bueno, no estoy de acuerdo con que se resignen: se adaptan al entorno. Un golazo, anyway.

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  3. Para seguir viendo a JLV vestido de mujer echale un vistazo a esto

    http://www.imdb.com/title/tt0071971/

    Siempre he pensado que la sonrisa de Chus Lampreave cuando oye la maquina de coser es un resumen de 500 años de historai de España

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  4. En efecto, me parece que esta película tuvo la virtud de contar algo en si transgresor, pero de tal forma, con tal naturalidad, con tan buen trabajo de Lopez Vazquez (el espectador acepta desde el principio que es Adelante, y entra en la historia), que consiguió hacerla aceptable para casi todo el público, e inteligible al mismo tiempo.

    Me parece que Armiñán está un poco olvidado. Ya sólo con 'Mi querida señorita' y la serie 'Juncal' merece un puesto de honor en nuestro cine.

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